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Vincenzo Carmenati

Durante su trayectoria vital y artística, vivió, viajó y trabajó en diversos países, absorbiendo influencias culturales y ampliando sus horizontes personales. Italia, Venezuela, Croacia, Rusia… a la vez que dejaba su huella con proyectos arquitectónicos y sociales rompedores. Vivió también los correspondientes conflictos políticos, como la Segunda Guerra Mundial en Milán, los múltiples golpes de Estado en Venezuela y los últimos años del franquismo en España, hechos que le dejaron un profundo impacto que canalizó a través del arte y de la arquitectura.

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Para Carmenati las disciplinas artísticas (incluida la arquitectura) son herramientas al servicio de la estética. Cada proyecto es un nuevo punto de partida del que nacen una serie de reflexiones, preguntas y respuestas. Del fruto de estas reflexiones dependerá el resultado final. La estética resulta, pues, el resultado de una filosofía, y no un fin en sí mismo.

Expresando siempre una perspectiva particular, Vincenzo Carmenati fue un artista multidisciplinar y polifacético. Arquitecto, artista, escultor, pensador, humanista… Que ha dejado atrás una gran producción profesional y artística.

A partir de fragmentos de diversos textos autobiográficos originalmente escritos en italiano, profundizamos en sus motivaciones, inquietudes, miedos y sueños:

«Un domingo de julio, en un verano de los de antes, hace ya tiempo y justo a la hora de poner la pasta a hervir, una bofetada me recordó que se había acabado la época fetal del “dolce far niente” y me esperaba un día a día para compartir y agradecer a quien, sin que yo lo pidiera, me había dado la vida. (…) 

Resguardado de las dogmáticas imposiciones políticas de la época, entre alegrías y decepciones, nacimientos y muertes de otros hermanos, rodeado de afecto, crecí estudiando, aprendiendo música y descubriendo muy pronto el placer de dibujar. Me nutría de todo lo que me rodeaba, lo sentía correr dentro de mí hasta los dedos. Un fluir que se desbordaba sobre las cuerdas del violín y sobre el papel en blanco que tenía delante.”

“Cuando la tragedia de la Gran Guerra llenó el mundo de tantas Annas Frank (…), Milán ardía. Las noches las pasábamos en los sótanos, supuestos refugios antiaéreos (…). Los días los vivíamos con la esperanza de volver a ver por la noche a quien por la mañana había ido a trabajar o al colegio.

 Vi, entonces, en nombre de diversas banderas, matar gente por las calles, vi la cara de la muerte en los fusilados amontonados en la Plaza Loreto con la duda de que mi padre estuviera entre ellos. Vi colgados en la misma plaza, pocos meses después más tarde, a Mussolini con Claretta y sus seguidores. Balanceándose: marionetas en el teatro de la vida. Aquellos ojos que ya no veían el mundo interrogaban nuestro ánimo sobre el porqué. 

Con un sabor agridulce en la boca, se organizaba en la plaza Piemonte un baile improvisado. Con nueva música de ultramar se celebraba la fin de la guerra sobre las ruinas de casas que aún guardaban los restos de sus muertos.

Cuando finalmente se pudo volver a caminar con los amigos las noches de Porta Romana de aquella Milán enormemente destruida por los bombardeos aéreos, realizados por aquellos que se proclamaban aliados, había muchas ganas de cambiar y de hablar del futuro. (…) Sentíamos todos que, a partir de aquel momento, lo que teníamos que hacer lo teníamos que hacer nosotros. El espíritu se expandía para acoger nuevo arte, nueva música y nuevos pensamientos.”

Carmenati trabajaba en el almacén de la empresa encargada del mantenimiento de los edificios de la Universidad, y los bocetos que realizaba durante los pequeños descansos le llevaron a recibir algunos encargos. Antes de entrar a la universidad, ya había diseñado varias fachadas en la ‘Ciudad de los estudios’ de Milán.

Había trabajado desde muy joven donde hubiera oportunidades. Después de varios trabajos y años de formación, consiguió enfocar sus estudios y carrera profesional cada vez más hacia su vocación artística, a través de la arquitectura. Pudo estudiar en el instituto técnico C. Bazzi de Milán, en la facultad de Arquitectura del Politécnico de Milán, y en la facultad de Ingeniería de París. 

“Descubrí aquella vacía sensación de libertad en el trabajo que me permitió un día llegar a la plaza y comprarme el primer paquete de cigarrillos “Nazionali”. Por el inesperado efecto emético, y vomitando en la calle, entré en la edad adulta. 

Estudiaba de noche porque de día comencé a trabajar para los arquitectos Scoccimarro y sucesivamente Salvade. Finalmente me matriculé como Arquitecto Técnico (el más joven de Italia), y abrí mi primer despacho en una habitación del apartamento donde vivía con mi familia. En esta época trabajé sobre todo en el norte de Italia realizando estaciones de servicio. Este y otros trabajos antes y durante la universidad me abrieron las puertas a la formación profesional.” 

Impartiendo clases, ya como profesor en la Academia de Bellas Artes de Brera (Milán), encontró el amor de su vida: Hena María Sormani.

En la Academia de Brera conoció a la mujer de su vida, con quien se casaría posteriormente el 31 de diciembre de 1956. Juntos formaron la familia Carmenati-Sormani, un entorno donde se fusionaban las influencias más clásicas con las más modernas.

Hena María Sormani (hija de una de las familias patricias más antiguas de Milán), era una persona inteligente, sensible, segura de sí misma y con una gran cultura e interés por conocer y entender el mundo y las personas. 

“Después, enseñando composición arquitectónica en la academia, descubrí el amor, HENA, amante y madre que me soportaría el resto de mi vida, me daría cuatro hijos y compartiría alegrías y dolores durante más de medio siglo de vida en común.”

Abrió el estudio junto a su compañero y amigo Achille Bocconi. 

“Colores, formas, dimensiones y proporciones pierden progresivamente los supuestos valores académicos, dogmáticos, para asumir la tarea de expresar aquellas emociones que brotan del alma originadas por la percepción de la vida y se producen los primeros importantes proyectos de Via Cadore, via Gassendi, las urbanizaciones de via Certosa, via Saint Bon y via Ripamonti en Milán. Dialogando de manera desafiante con maestros como Portaluppi, Belgioioso, Peresutti, Roger, Gio’Ponti, Mariani y Perogalli y muchos otros, incluyendo a Le Corbusier, maestros que tenían la grandeza de la humildad hablando a las nuevas generaciones como en una nueva Arcadia.”

A una edad aún joven, el arquitecto pasó cinco años en Venezuela, un país con el que mantuvo contacto y cariño durante el resto de su vida.

“Las dimensiones de aquel paisaje, las proporciones del entorno en el día a día, aquella alimentación de colores propios de una tierra fértil con su flora y fauna, son elementos metabolizados e incancelables.

El espíritu va más allá de Finisterre y conquista una nueva dimensión, una nueva interpretación de la vida. Desde el puerto hacia la ciudad de Caracas, “cuna” del libertador, me vinieron al paso autopistas, colores, coches y plantas tropicales desmesuradas, y tantas otras sensaciones difíciles de desentrañar en la densa calor que todo lo envuelve y todo lo ralentiza.

Tantas personas, dedicadas al trabajo, que viven precariamente para mantener una familia lejana que esperan abrazar lo más pronto posible. (…) Cinco años de intensa actividad (…). Una gran experiencia profesional y humana que con tristeza se cierra cuando 23 golpes de Estado, entre intentados y reeixits, en menos de dos años, sugieren que por la seguridad y el futuro de la familia he de saber renunciar a mi orgullo y volver a los orígenes.”

Fue nombrado consejero artístico para la Nunciatura Vaticana y Asesor Técnico-Artístico de la Embajada Italiana. Participó en proyectos como el Hotel Humboldt, las urbanizaciones Prado del Este y Porterito, el centro comercial Miranda, la iglesia de San Juan Bosco, los edificios Altamira y Bolívar, la sede del National City Bank en Caracas, intercalados con el asesoramiento a Bellas Artes para la Embajada Italiana, el Consulado Italiano, la reestructuración de la Nunciatura Apostólica y las colaboraciones con T. Sanabria, J. Aranco y el gran paisajista brasileño Robert Burle Marx.

“Atracando en el puerto de Génova, se ofrece el espectáculo insólito de muchos seiscientos en espera de ser embarcados. Pequeños, como si fueran parte de un juego. Me conectan con el recuerdo de las calles estrechas… Y se vuelve a empezar otra vez. 

Asociado con el Ing. Bocconi, recuperamos viejos clientes para el estudio de la calle Sempione nº13. Realizamos los edificios de via Domenichino, via Longhi, via Plana, la cooperativa Nuova Cimento en Milán, la fábrica textil Felis de Cardano al Campo… Y el estudio va bien. Lo que no va bien es la constricción en la que me siento comprimido. Por los espacios utilitaristas, por la mentalidad que impone sumisión incluso a normas estúpidas, por tener que encender por la mañana la bombilla sobre la mesa de dibujo como un triste recuerdo de aquella luz tropical a la que me había acostumbrado.”

Playa de Aro era en aquel momento un rincón de la Costa Brava donde estaba «todo por hacer» y donde el contexto sociocultural (la apertura de España al mundo y más adelante, en los años 70, la celebración de las libertades individuales y colectivas) le proporcionó la libertad creativa para desarrollar un estilo urbanístico con impronta propia. Esta impronta, más allá del urbanismo, se ha convertido no solo en su legado sino también en parte de la historia de Playa de Aro y de la Costa Brava:

Infraestructuras (carreteras, puerto…), locales míticos del paisaje de la ciudad (Marfranc, Stock Bustins, RoundStore, Llevant, Esquinale (actual Enjoy It), Bar Cisne, Fast Food y cine IVAN, King’s, Maddox, Kamel, Malibú…), la campaña “El Amor se cita en Playa de Aro»… Impulsó asociaciones como Rádio Platja d’Aro, La Clau o el Rotary Club Costa Brava. También participó en las asociaciones ya existentes: Fue durante 28 años vicepresidente de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Sant Feliu de Guíxols. Todo promoviendo un modelo de ciudad basado entre otros fundamentos, en el derecho al ocio. 

Desde Playa de Aro y con el equipo del Estudio Carmenati, los horizontes de trabajo llegan hasta Croacia, París, Moscú, Minsk… 

Artículo de El Correo Catalán, 1981: “(…) El señor Vincenzo Carmenati es italiano de los finos, de los que tienen la estética pegada a los dedos. En pocos años, (…) ha hecho por Playa de Aro cosas sencillamente incomparables. Siempre tiene una por hacer en lugar de una por decir. Es un hombre de ideas –Ideas del rama estética– que va, además, muy cargado de empuje. Desde que en Carmenati y Playa de Aro se han mirado, el uno al otro, en fondo de los ojos, se va produciendo un cambio substancial en aquel rincón animado y comercial del pequeño Empordá. El equipo del señor Carmenati no duerme, (…) està reñido con la tristeza, no ha tenido nunca contacto con el mal gusto ni con la mediocridad.

«Los obras para la juventud: Maddox en Playa de Aro y el Piper en Italia, serán espacios para su conocimiento mutuo, para tener un lugar propio fuera de casa y la internacionalidad de la música preludiará la futura patria común soñada por Spak, De Gasperi y Schumann, llamada Europa.«

Encargada originalmente por Balletbó y posteriormente dirigida por Oriol Regàs (promotor cultural y alma de la gauche divine barcelonesa, conocido como Mr. Bocaccio). Se convirtió en un punto de encuentro para jóvenes, tanto locales como turistas, y también atrajo a artistas y celebridades de la época. Hoy en día, es uno de los proyectos más emblemáticos de Carmenati, recordado por su singularidad y por las personas que vivieron y participaron de esta revolución.

La discoteca Maddox fue una revolución social, cultural y arquitectónica. Fue pionera en su diseño: la primera discoteca conocida en el mundo en incorporar una cabina de DJ y una pista de baile elevada (tarima), elementos que hoy en día son estándares en este tipo de establecimientos. También destacan la distribución innovadora de los espacios, la utilización de elementos decorativos únicos y la creación de ambientes envolventes.

Un compromiso con las futuras generaciones: Al llegar a Caracas, Vincenzo Carmenati tuvo su primer contacto con el Rotary International. Piero Portaluppi, en aquel momento gobernador del Rotary International en Italia y rector de la Facultad de Arquitectura de Milán, avisó al gobernador de Venezuela para facilitar la integración de Carmenati en su nuevo entorno. Eternamente agradecido por este gesto, Carmenati siguió el ejemplo de su maestro y, además de dedicarse a la arquitectura, asumió la responsabilidad de velar por las futuras generaciones y de promover los ideales rotarios.

Fue Presidente del Rotary Club Costa Brava Centro en dos ocasiones y, en 1990, fue Gobernador del Rotary International en España. Siempre preocupado por el desarrollo de los jóvenes, impulsó en España el Rotaract y el R.Y.L.A. (Líderes del Mañana). Además, promovió el Premio Europeo para la cultura del Rotary International «Sancti Beneficti» y presidió el Foro Barcelona en la Bienal del Mar.

Su último gran proyecto fue una ciudad que diseñó para Hena (Città per Hena, ‘Ciudad para Hena’), una obra aún inédita.

Hena María Sormani pasó varios meses ingresada en la UCI de Barcelona. Mientras tanto, Vincenzo tuvo que esperar su casa, en Playa de Aro. Dedicó los días de espera a diseñar, a mano, una ciudad utópica a medida para ella: un espacio ideal donde seguir viviendo juntos. Esta ciudad de papel y lápiz se convirtió en un testimonio de su amor y en una esperanza de volver a estar unidos.

Vincenzo Carmenati falleció a los 83 años en Playa de Aro (6 de mayo de 2015), dejando un legado artístico y humanitario que trasciende las fronteras de la arquitectura.

Sus facetas como arquitecto y filántropo ya eran conocidas. Sin embargo, Carmenati vivió el arte con tanta naturalidad que casi nunca exhibió sus esculturas, escritos o dibujos. Su hija, Emanuela, se convirtió en la curadora de su obra. Decidió conservar y divulgar el resultado de una vida dedicada al amor, la estética y la producción artística.

 «Cuando desde la ventana del tren empiezo a ver la última estación, me doy cuenta de que es hora de plantar árboles cuyos frutos otros recogerán, que los hijos de todo el mundo son todos tus hijos. Si al pasar por delante de una obra mía te sugiere dedicar al menos una parte de tu profesión y de tu vida a la armonía del mundo y de la humanidad, me sentiría muy agradecido»